No era una mina con estilo
ni una Venus de Milo con brazos,
había perdido los buenos modales
y nunca usaba zapatos de taco.
De diosa de un cuento griego
lo único que tenía era el pelo,
no vivía enamorada del amor
y, por si fuera poco, bailaba como yo.
No era digna de un cuento de hadas,
no esperaba a su príncipe azul,
nunca tuvo un vestido de tul,
y no lloraba abrazada a la almohada.
No era una Cenicienta,
no la envidiaba una bruja,
pero era tan como ella
que la veo hasta en la ducha.
Escrito por Hernán